sábado, 16 de abril de 2016

UBER: PERSPECTIVA ECONÓMICA

   La presencia de UBER en Argentina, así como muchos otros países que detentan el monopolio en la expedición de licencias para transporte de pasajeros por Taxis o Remises, viola las reglamentaciones locales. Si al estado le interesa reglamentar un área determinada y sustraerla al juego libre de la oferta y demanda es porque razones de orden público, percepción de ingresos o ambas combinadas lo imponen.

   No cabe soslayar que a los capitales movilizados por la globalización poco le importan las reglamentaciones locales. UBER es el máximo paradigma de tal repudio por la reglamentación interna pues ofrece un servicio que reemplazaría a otro que reúne condiciones casi idénticas. Con descargar una aplicación se podrá contratar a un usuario que ofrece su vehículo para transportar personas u objetos y que es controlado -en caso de serlo- de acuerdo a los propios estándares de la aplicación. Sería poco lógico pedirle al estado que reglamente, como lo hace con taxistas y remiseros, la actividad de los conductores que se ofrecen mediante la aplicación UBER pues sería legitimar la destrucción de una industria que directa e indirectamente beneficia a la comunidad como es el transporte de pasajeros. Un conductor de un vehículo que se suscribe a una aplicación y ofrece sus servicios estará percibiendo dinero por ello, sin perjuicio de la forma de cobrarlo, al culminar el trayecto, sea transportando a una persona u objeto determinado. Cuál es la diferencia con titulares de licencias de Taxis o Remises?. Éstos debieron respetar las reglamentaciones provinciales o, en su caso, municipales, sin olvidar las legislaciones de fondo -laboral por ejemplo-, adquirir la licencia -algo harto complejo-, en conclusión, invertir un verdadero dineral para que alguien con un vehículo y algo de tiempo libre le quite su fuente ingresos y/o trabajo.

   Yendo más al fondo del asunto se vislumbra un fenómeno complejo: si una aplicación ofrece un servicio más económico para el usuario, aquel que es objeto de tutela privilegiada para el ordenamiento jurídico, con qué autoridad moral, ignorando lo mencionado más arriba, se puede prohibir el cambio de paradigma?. Puedo hablar con palabras y frases bellas destacando una y otra vez lo perjudicial que resulta para muchos trabajadores una merma en sus ingresos, máxime aquellos peones de Taxi que tendrían poca razón de ser en su actividad ante la presencia de una oferta mucho más tuitiva y efectiva, pero el punto focal de la presente publicación es destacar que el avance tecnológico arrasará, ley mediante, todo aquello que considere inútil y costoso.

   La mejor forma de impedir el arraigo de una empresa como UBER es agilizar los procedimientos y reducir los costes, al menos desde la legislación, que tienen quienes se dedican de manera habitual a transportar personas, sea utilizando un Taxi o Remis. Repárese que la empresa ha tenido y tiene múltiples problemas legales en todos los países donde ha decidido comenzar sus actividades, incluso está vetada en muchos de ellos. Con esto quiero destacar y remarcar que los problemas legales, incluso prohibiciones, no han disuadido su existencia y funcionamiento, mucho menos sus consecuencias negativas para los trabajadores. Luchar contra lo inevitable tiene resultados también inevitables: la derrota. Quien viva en una ciudad donde el servicio de UBER esté arraigado poco reparará en la destrucción de los puestos de trabajo de aquellos peones de Taxi que ya no tienen tantos pasajeros como antes y que dependen de aquella cifra mágica que arroje el taxímetro para cobrar, -cabe citar el artículo 20 del CCT de trabajo 528/08 de la ciudad donde vivo (Mar del Plata) que otorga como salario un 35% de lo recaudado en bruto por el Taxi al finalizar la jornada-. Tampoco se preocupará porque un hombre con algo de dinero y varios autos decida poner gente con necesidad de trabajar -y registro de conducir- detrás de un volante como si fuesen usuarios de la aplicación que ofrecen sus servicios cuando se estaría usando el "progreso" de UBER para ocultar relaciones laborales bajo el velo de la modernidad. No serían peones de Taxi sino de UBER o, mejor dicho, de un hombre -entendido como masculino o femenino- que encontró una nueva manera de legitimar su accionar con toda la estructura e ingeniería social aparejada por la polémica empresa.
    En la actualidad esto ocurre, hay "remises truchos" conducidos por sus propios titulares registrales o peones irregulares -como también hay empleo en negro en los taxis habilitados, ojo- pero el marco de publicidad e innovación que otorga la aplicación/empresa en discusión permitirá que este tipo de prácticas sean mucho más comunes. Reza el refrán: "Hecha la ley, hecha la trampa" o en este caso, "violada la ley una vez, por qué no violarla por siempre".

   Volviendo a la idea central del extenso párrafo anterior: al consumidor poco le importan las consecuencias legales, sociales y económicas generales que podría generar UBER. Del mismo modo que quien, desde la comodidad de su hogar, contrata mediante "AliExpress" u otra empresa semejante, adquiriendo un producto que, incluso dolarizado,  está al 50% del valor de plaza de su ciudad, dudo que repare en las consecuencias negativas para los comerciantes locales que perciben menos ingresos y en consecuencia tienen menos aptitud para contratar empleados o tenerlos correctamente registrados -partiendo de la idea idílica que el comerciante busca el bienestar de sus empleados y no el lucro personal, muy idílica- generando que el ciclo económico se vaya degenerando en una espiral negativa,  hasta terminar en la mismísima ruina. Alguien podría haber reparado a estas alturas que si el consumidor ahorra, que también puede ser comerciante -o no- a la larga la capacidad de ahorro o más dinero en su poder redundará en un beneficio para otra o la misma industria que se ha evadido...consecuencias de la economía encadenada que no pretendo describir en un blog jurídico -no podría hacerlo-. La conclusión lleva a arribar que dentro del sistema económico donde vivimos todos, más temprano que tarde, pretenderemos sacarle el mayor rédito posible a aquellas sumas de dinero que recibamos, sea en concepto de salario, honorario o tarifa -nunca se sabe quién me lee, por si acaso-.
    Esto significa que enfrentarse a empresas como UBER no es una cuestión individualizada de "Patria o UBER" sino un fenómeno mucho más complejo que de ser analizado correctamente, a mi criterio, haría concluir que todo artilugio o ardid que, escondido bajo la idea de progreso y modernidad, pretenda transformar un viaje de $ 50 en uno de $ 25 por el mismo trayecto o la adquisición de una prenda con un descuento de $ 500,  tornará estéril toda discusión legal al respecto. El fenómeno, no ya de la aparición en escena de una empresa determinada sino del ahorro, la maximización de recursos monetarios en poder del usuario,  será indestructible y superará a los estados...será globalizado, en palabras más simples. La ley podrá ser lógica, necesaria, justa y hermosa, podrá ser una bellísima expresión jurídica de orden público destinada a tutelar los intereses superiores de la patria y sus trabajadores -y/o contribuyentes- pero su destino es de letra muerta, pues no se puede entender a la ley, o al derecho, mejor dicho, sin interpretar o adecuarse a las pautas del sistema económico al que deberán amoldarse.. Un titular de una licencia de Taxi o, aún mejor, un peón, podrán escupir en la cara del usuario decenas de leyes provinciales u ordenanzas municipales, convenios colectivos de trabajo y todo aquello que deseen pero, ante la posibilidad de hacer rendir más el dinero, será complicado convencerlo que utilice aquel servicio que ha quedado tan anacrónico si puede, realmente, ahorrar una suma significativa con UBER.

   Como conclusión puedo decir que he adoptado una postura basada en un realismo excesivamente crudo. Los fenómenos económicos cuentan con la venia del derecho o lo arrasan y crean costumbre en su contra tan rápido que no nos habremos dado cuenta. Creo que no cabe echar fuego contra UBER pues es el nombre visible de una realidad mucho más profunda. Es el enfrentamiento de las regulaciones donde el estado cree que debe imperar el orden público arbitrariamente fijado -la única forma de fijarlo- frente a las lógicas tendencias de los usuarios de utilizar tecnologías cada vez más invasivas que, dentro de muchos defectos que podrían ostentar, tienen la virtud de hacer rendir más el dinero y diversificar la oferta. UBER es parte de un fenómeno de mil caras que mañana bien podría tratarse de una aplicación que reúna a personas que dedican su tiempo a preparar platos y venderlos como viandas sin contar con la más mínima inspección bromatologica y habilitación municipal o de expendedores de bebidas alcohólicas que tampoco tienen la mentada habilitación y cualquier tipo de negocio que ustedes imaginen que el estado regula y al que le impone el cumplimiento de ciertas formalidades para funcionar.  Ante tal cambio que se va produciendo en la forma de comerciar creo que al estado poco le queda por hacer.

JUAN MANUEL RIVERO CLAUSO

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