viernes, 10 de julio de 2015

MESSI Y EL CÓDIGO CIVIL

    A veces tener contratos millonarios con empresas tan variadas como pasar del calzado a la medicina prepaga, ser el fetiche de diseñadores de moda que soslayan la poco favorable estética visual para dotar al personaje de trajes transgresores a lunares en entregas de premios, ser el ídolo de millones de niños que sueñan ser, siquiera por un rato, el mejor de todos, no es suficiente para alcanzar la gloria. Si pensaron a quién me refería, olvidando leer el título de la entrada,  quizás acertaron, me refiero a Lionel Messi y sus desafortunadas apariciones, cada vez más esporádicas e intrascendentes, en finales con la selección de su país.
 
   A Messi se lo cuestiona, pero, por qué?. Es por encarnar al sucesor de Maradona, aquel de estatura relativamente pequeña con un físico destinado a enloquecer rivales?. Será, acaso, por el mercadeo relacionado a la figura admirada del rosarino? o, simplemente, es porque cuando alguien es apto para realizar un actividad no cabe, sino, requerirle que su desempeño sea acorde a tal aptitud?. Lionel Messi ha jugado 3 finales importantes con la selección Argentina, la de la Copa América de 2007, donde su juventud e inexperiencia en partidos importantes podía excusar una participación poco feliz, la final del mundial 2014, año desafortunado que comenzó con una lesión, allá por Enero y promedió con una temporada en su club, Barcelona, donde no pudo conquistar ningún título y, finalmente,  el colofón de la Copa América 2015, hace pocos días, viniendo de la gloria total y absoluta, hasta indiscutida, con su escuadra europea, con nueva dieta, dicen algunos medios,  y un estado físico, como hace años no tenía. En los 3 casos Messi no gravitó, tuvo participaciones espaciadas dignas de alguien a quien se le atribuye ser el sucesor natural del "Dios del Fútbol" pero los partidos, analizados de modo global, quizás con algo de suerte y mucha lambisconería, apenas alcanzarían el aprobado.

   Pero aquí estamos en un blog jurídico no cierto?, qué tanta gracia tiene analizar de modo crítico las participaciones de Lionel Messi en las finales disputadas con su selección si no busco un encuadre jurídico o pretendo acercarme a él. Nuestro código Civil no se olvidó de Lionel Messi, y de todos aquellos como él. Así cuando plantee las razones para fundamentar la alta exigencia al "10", creo que una de las preguntas encuentra asidero legal. Cuando alguien es criticado significa que su labor no ha alcanzado a satisfacer al observador promedio, no ha gustado, ha desagradado, incluso. Alguien que no sepa de fútbol podría pensar que Messi no es el único jugador del partido...es lógico, hay 10 compañeros y 11 rivales (12 con el arbitro colombiano, broma) pero Messi es el "apto", aquel cuyo talento clama a gritos puras exigencias de resultados concretos:  gambetas, pases en cortada, diagonales con o sin la pelota, desmarques, centros espectaculares, remates al arco y, finalmente, goles, goles y más goles.
 
   Reza el artículo 902 del Código Civil Argentino, que dicho sea de paso, estará vigente por pocos días más: "Cuando mayor sea el deber de obrar con prudencia y pleno conocimiento de las cosas, mayor será la obligación que resulte de las consecuencias posibles de los hechos.".

   Ahí está, desapercibido en el Código, casi como algo obvio aplicable a toda la vida en sociedad que, en éste caso, encuadra en el caso del desafortunado futbolista. Es que cuando un médico tiene una cirugía a corazón abierto es más probable que el análisis de su responsabilidad sea algo más duro y crítico que si la hiciera un abogado. Cuando un futbolista enfrenta un partido y su talento, condiciones, palmarés y toda aquella pompa relacionada a su persona lo pone en la compleja situación de obrar con prudencia (que en el caso en cuestión la relacionaría a viveza) y pleno conocimiento de las cosas (mucho más simple, relativo a la habilidad con la que se desempeña en el juego) las consecuencias que enfrente por su actividad depararán mayores responsabilidades que las de un sujeto menos dotado. A Messi se le puede exigir, incluso jurídicamente, que sea diferente y lo demuestre, pues es su propia pericia y talento quienes cimientan tales conclusiones y cuando tal exigencia no encuentra correlato en los partidos decisivos disputados, es lógico que la crítica que se le efectúa sea mayor a la de cualquier otro jugador de la selección. Incluso utilizando artilugios propios del viejo futbolero podría parafrasear a más de uno diciendo "los grandes aparecen en las finales", como si se aplicara a la perfección  la parte del artículo citado que reza "cuando mayor sea el deber...". Qué mejor momento para exigir resultados que en circunstancias donde la exigencia (valga la redundancia) es mucho mayor?. 

   Lionel Messi será recordado en la historia del fútbol como uno de los más grandes sujetos que tocó profesionalmente una pelota, qué decir tocó, bailó, jugó, gozó a propios y extraños, de todos modos a la fecha y considerando sus inestables participaciones en la selección Argentina no queda más que concluir que como "Leo" está capacitado objetivamente para realizar una actividad con mayor rigor técnico que el resto de los mortales y los resultados alcanzados no condicen con dicha capacidad, es lógico que el nivel de "reprochabilidad" de su conducta sea evaluado bajo un prisma mucho más duro, quizás extremista, que el del resto de los jugadores. Messi no es el único culpable pues hay que analizar las vicisitudes del deporte en equipo, pero es el máximo responsable en cuanto a su poca incidencia en el juego y las altas expectativas que sobre él se depositan, justificadas por cierto. Así que, queridos lectores, cuando alguien pretenda defender a Messi y, quizás solo para llevar la contra, quieran adoptar la posición opuesta, recuerden que el propio Código Civil Argentino dispone en su Artículo 902 una disposición adaptable a la posición que quieran defender. Es todo por ahora.

viernes, 19 de junio de 2015

CRÓNICA DEL INICIO PROFESIONAL

   Dicen que los comienzos son difíciles, esa es una frase casi como un paliativo de poca monta que pretende atemperar los crudos inviernos profesionales. Si los comienzos son duros, arduos e incluso agotadores, el saber que otros lo han pasado no es, a mi humilde saber y entender, mayor consuelo que saber que otros mueren. Sería casi como ampararse en el dolor ajeno,  el pasado en especial, y tratar de utilizarlo para que el propio sea más llevadero.
   Ser abogado joven y pretender encarar la vida profesional hace dudar si el tamaño de aquel traje no es un poco grande. Es que se ha terminado la universidad, aquella etapa de compañerismo, mates, cigarrillos en la escalera de emergencias y nudos en el estómago previo a rendir parciales y  ha comenzado otra  donde se está mucho más solo, los errores no son castigados con ser "bochado" y las virtudes no se premian con buenas notas, quizás lo difícil de los comienzos sea encontrar premios y castigos para la nueva etapa pues no están sistematizados, dependen del cliente, su buena voluntad, su caudal económico y hasta su personalidad. El presentar un escrito en tribunales es sólo presentar un escrito, aquella adrenalina de esperar una nota y escuchar vociferar al profesor el apellido seguido de la calificación que expresa tantas horas de esfuerzo y sacrificio, ya no existe,  ahora será un cargo, la cara de pocos amigos de un empleado de "mesa de entradas", filas interminables mirando a los costados, hacia adelante, leyendo los panfletos pegados en las paredes de los juzgados, quizás hablar con algún colega...es algo nuevo, desabrido aún, carece de aquel placer (y a veces dolor) de ser estudiante. Si yo fuera perro Pavlov se haría un festival con mí persona pues al parecer soy muy vulnerable al sistema de estímulos. Algún profesional de más experiencia podría decir que espere, que ya llegarán las sentencias donde se elogia mi elocuencia o se castiga mi idiotez, sí, no lo dudo, pero hoy es aquí y ahora (no descubro nada nuevo),  el vacío se hace presente y no me alcanza con saber que "lo que no es puede llegar a ser", parafraseando a Mirtha Legrand, me interesa lo que es, siempre ha sido así.
   Cuando se comienza en la profesión sin estar al amparo de un profesional familiar o cercano a la familia,  no se tiene mucha experiencia en el ejercicio liberal y  siento que debo cargar con varios aspectos inherentes al "manejo de un estudio", a saber: captación de clientes, trato con el mismo, redacción de escritos, diseño de estrategias legales (qué grande queda tal descripción), el traje se siente todavía más amplio. Por suerte y por desgracia los casos son directamente proporcionales a la experiencia adquirida. Por qué digo todo de modo tan complicado?. Cuando se es un joven profesional es poco probable que pueda ser el representante legal de una asamblea de tenedores de bonos, sí tocará algún laboral y casos de familia, pensar que cuando estudiaba creía que eran las ramas menos atractivas, qué verdad dijo aquella docente cuando enuncio estas palabras: "muchas veces la rama elige al abogado y no el abogado a la rama", el punto es que no creo ser "laboralista" o experto en divorcios toda mi vida profesional pero la presente entrada va dirigida a los comienzos. Dije "por suerte y por desgracia", por suerte ya que está bien comenzar con lo que se puede manejar, pero no voy a mentir, cuando suena el teléfono y alguien se contacta conmigo, una parte de mí espera que sea un "gran caso", quizás la nulidad de una asamblea de una Sociedad Anónima o algún caso de Mala Praxis médica.,  Será acaso una forma de buscar aquella adrenalina perdida?. Yo creo que lo mejor de esta profesión es aquel caso que exige esfuerzo, investigación, estudio, dedicación y búsqueda de alternativas, muchos de esos casos aún no están a mi alcance y ahí aparece la incertidumbre, acaso seré toda mi vida profesional un autómata con casos donde bastaría un "copy and paste" (lo repudio totalmente), perdiendo mi semblante en las filas de los juzgados o llegará el momento donde pueda encontrar aquel desafío que tanto me moviliza?.  El punto, volviendo al llamado,  es que la voz en el teléfono me dirá, a los pocos segundos de conversación, que se trata de un trabajador no registrado que pretende hacer valer sus derechos o un caso de alimentos. Por algo hay que empezar me digo a mí mismo y si deseo adrenalina puedo tirarme de un avión (¿con paracaídas?, bromeo, aclaro).
   Si tuviera de nuevo 19 años y pudiera elegir la carrera (la empecé un año más tarde) no dudaría: sería abogado. Siento que es aquello que soy, no voy a caer en el lugar común de hablar de causas perdidas o indefensas, eso desde ya, pero aquellos obstáculos que considero desafíos profesionales pueden estar a la vuelta de la esquina (o no estarlo) y la manera de descubrirlo es la que elegí. Todo aquello que no dependa del azar será hecho para poder lograr mis objetivos y dejar esos "comienzos difíciles" para alcanzar el cenit profesional que tanto anhelo. De última, para seguir usando frases hechas, "caminante no hay camino se hace camino al andar".

jueves, 11 de junio de 2015

DE ULPIANO AL RITUALISMO

   Eran tiempos remotos donde el justiciable solicitaba la actuación de los órganos estatales y recibía un trato basado en la oralidad y celeridad. Sea una figura impuesta por el emperador para resolver conflictos legales o la propia máxima autoridad que, en etapas de imperio del Código de Hammurabi, tomaba por sí la potestad de atender dichos conflictos, lo relevante era la pura e incólume expresión y alcance del "acceso a la justicia". Es que si los problemas existen la mejor manera de abordarlos es con soluciones rápidas, y que con rapidez no se entienda imprudencia, no, lejos estoy de pretender una justicia ligera y superficial mas creo que cada hora que se consume es un poco menos de verdad y justicia en el caso concreto o, parafraseando a los yankees y sus expresiones marketineras, cada año que un expediente se pudre en los anaqueles es perdida de dinero,  pues "Time is money".
    Ulpiano dijo que la justicia, sin citarlo textualmente, es la voluntad de dar a cada uno su derecho (o lo suyo), en una definición por demás "ponciopilatista" pues la belleza de esas palabras no debe soslayar preguntarse cuál es el derecho que corresponde y en caso de tenerlo claro, cómo articular mecanismos efectivos para que ese derecho existente pueda verse concretado en una decisión de un órgano estatal independiente que pueda ser ejecutada en caso de incumplimiento. No es ni más ni menos que adecuar la justicia con su acceso y entender que el acceso debe ramificarse en distintos medios prácticos para hacerlo valer. La asociación de justicia y acceso debe, necesariamente, recaer en la velocidad que tiene el órgano estatal para ofrecer soluciones que, no por ese calificativo, sean menos justas. Parece un trabalenguas o un delirio ridículo,  pero no lo es, que apurarse no signifique quitarle verdad a la solución alcanzada.
   Así como no hay que excederse en la celeridad tampoco corresponde irse al otro extremo, cosa que ocurre mucho más seguido que lo primero. Quizás sea el punto de la entrada, protestar contra el "ritualismo" entendiendo que ya no se trata de formalidades necesarias para dar vida a procesos legales en una sociedad altamente compleja sino de rendir un culto, casi ciego, a la forma. Que lo creado para articular el "acceso a la justicia" no se transforme en  fetiche de cientos de juzgados que ante toda presentación judicial, por más nimia que sea, impongan la necesidad de acompañar escritos que den constancia de dicha presentación. Es una expresión de deseo más que una realidad alcanzable, no se trata de imaginar un recinto donde un juez, desde lo alto, "imparta justicia" de modo casi inmediato pues hay situaciones donde tal extremo sería perjudicial al caso, pero tampoco entender que un proceso debe, de modo casi inherente, durar varios años, hasta décadas y que, justamente esa supuesta pormenorización casi cómica, es el modo de darle verdad al conflicto.
   Yo imagino una justicia o...corrigiendo mi yerro, un acceso a los mecanismos estatales para obtenerla, mucho más rápida, donde impere la oralidad, donde los escritos de "agreguese" o "tengase presente" sean reemplazados por audiencias (sin desconocer que hay intentos más que logrados en ciertos procesos) y que las mismas se celebren lo más pronto que esté al alcance de la propia organización para así, de ese modo, cumplir con el mandato constitucional (y supraconstitucional) de acceso a la justicia. Que el proceso sea concebido como un servicio popular y no un duro camino a vencer, casi como un enemigo invisible, con trabas, imposiciones carentes de lógica elemental y que el tiempo ahorrado se asocie a la mayor posibilidad de alcanzar la verdad y con ella, la justicia...es sólo eso lo que pido.
   En una suerte de disculpa ante la falta de respeto a uno de los máximos juristas de la historia debo decir que justicia sí es dar a cada uno lo suyo pero cada vez que un juzgado o, simplemente, un empleado público,  hace del "ritualismo" su credo accesorio al católico apostólico romano (o el que tuviera) ese "suyo" esbozado por el maestro adquiere dimensiones desconocidas, en este punto, la justicia no es dar a cada uno "lo suyo" o "su derecho" sino darle a cada uno lo que se le puede dar de acuerdo al proceso que se ha creado para obtener un resultado. Que la forma haga al fondo, ahí hemos perdido. Es todo por ahora.