miércoles, 15 de octubre de 2014

EL PASANTE

   Aquellos son seres ocultos que deambulan por los pasillos de las dependencias judiciales, a paso ligero, pues han recibido alguna orden. Saben que el tiempo es esquivo y una demora, por más mínima que parezca, puede gestar algún que otro ceño fruncido. Llevar algunos expedientes a otro despacho, avisarle a algún superior cualquier vicisitud de la mesa de entradas, incluso cumplir alguna tarea menos glamorosa pero, no por ello innecesaria, como llevar un cortado al jefe, armar expedientes de la mismisima nada, recibir escritos y repetir hasta el hartazgo "Está a despacho" cuando un abogado insistente tiene el tupé de desubicarse, solicitando que la justicia funcione con celeridad y le de a su expediente, o causa, un tratamiento adecuado. 
   
   Deben aprovechar al máximo el tiempo para obtener algo de experiencia. Aquellas tareas invaluables alguien debe hacerlas, no es lógico que un juez, fiscal o defensor oficial ensucie sus manos o perturbe su psiquis con una fotocopiadora que se empeña en dejar de funcionar cada 4 fojas. Tampoco es habitual encontrar secretarios u oficiales mayores desempeñando estas tareas pues su labor de creación jurídica podría verse empañada, las tareas menores tienen un recipiendario natural..."El Pasante".
 
   Son las 10 de la mañana y la entrevista ha comenzado. El secretario, quien habitualmente se ocupa de los Recursos Humanos, atiende al sujeto que pretende obtener el empleo. Al mirar el escritorio ve otros legajos, la inquietud aborda al aspirante, pues la competencia existe y es voraz. Comienzan las consultas de rigor, ¿por qué te interesaría trabajar acá?, ¿cómo te trata la carrera? Y el entrevistado, con una sonrisa de cartulina, responde cada pregunta como si estuviese en un programa de concursos, intentando terminar el reinado de terror (¿y conocimiento legítimo? De Gerardo Sofovich. Si la persona tiene algo de osadía, preguntará si han venido otras personas, sabiendo que la respuesta, generalmente, será positiva. Un secretario más abierto puede mencionar la cantidad de aspirantes e, incluso, abrir el diálogo a cuestiones conexas pero no estrictamente laborales. Al joven (o la joven, lo aclaro sólo una vez) se le presentan las características del trabajo. Este es el segundo paso de la entrevista. Los secretarios suelen decir que el régimen de pasantías tiene como objetivo obtener una ventaja apreciable para ambas partes: "Vos ganas experiencia, aprendes y mientras nos das una mano a nosotros" es la frase más escuchada, según recopilación de testimonios. La tercer etapa consiste en preguntas del aspirante que actúa en forma positiva, es decir, como si la pasantía fuese suya, así, consultar sobre los días de estudio, el régimen de vestimenta y otras cuestiones menores. Finalmente la entrevista culmina, el joven se levanta de su silla y le da un apretón de manos firme y seguro al secretario, gastando el último centímetro cúbico de formol que hay en su cuerpo acartonado,  por el respeto y la tensión.
 
   Es Miércoles por la tarde y suena el teléfono (móvil o fijo), es aquella voz, es el secretario. Algo de adrenalina invade el cuerpo del pasante pues, a menos que el sujeto sea un desalmado, de seguro ha llamado para confirmar que el aspirante, desde el próximo Lunes, será pasante. La charla confirma el vaticinio. El pasante cuelga el teléfono, una sensación de satisfacción y autorrealización lo invade, ha obtenido el empleo, ha pasado sobre 5 o 6 personas y logrado su objetivo. De aspirante a pasante, de lodo a gloria.
 
    Los días pasaron rápido, ya es Lunes por la mañana. Para dar una buena impresión el pasante camina, se toma el colectivo o de cualquier modo se las rebusca para estar 7:50 A.M en el juzgado, tribunal, fiscalía o defensoría. La puntualidad es importante, más el primer día. Mientras tanto,  van llegando personas que no conoce, pero con algo de intuición, supone que serán sus compañeros. Finalmente llega aquella cara conocida, el secretario, bordeando las 8 A.M., este lo hace deambular por la dependencia, comienza a presentarle  los compañeros de trabajo, pero lo más habitual es que deposite al pasante en mesa de entradas y le delegue a la persona con mayor manejo en este sector, la presentación con los demás pasantes y la difícil tarea de enseñarle los quehaceres habituales.
   
   A medida que avanzan las semanas, el pasante está mucho más avezado en sus labores diarias. Generalmente divide su tiempo, durante parte de la mañana, asiste en mesa de entradas a alguien con mayor experiencia en el campo de batalla, busca los expedientes en letra, recibe escritos poniendo cargos, hasta que su mano es una suerte de palanca de carne y chequea el estado de las causas en el sistema informático a fin de informar al abogado (o procurador) que lo haya consultado. Luego, cuando las aguas se han calmado, recibe las demandas y emprende la tarea de "caraturarlas", armando el expediente de cero, para que pasen a despacho, también se le puede solicitar que anote en el "Libro de préstamos" los expedientes que han regresado haciendo constar la fecha y el abogado que lo retiro y devolvió, agregar cédulas y, si hay en la dependencia fotocopiadora, se le endosará, ni lo duden, la tarea de hacer duplicados de extensas actuaciones judiciales con una maquina que, como he dicho, se empeña en arruinar aquella magullada mañana.
 
   Pero si pasan las semanas, también los meses. De hecho han pasado 4 meses y el pasante está confundido, desesperanzado. Si le ha tocado en suerte un buen grupo de trabajo, socialmente hablando, quizás pueda sentirse más cómodo, pero la idea revolotea su cabeza. "Pasaron 4 meses y sigo haciendo lo mismo, ¿cómo avanzaré o qué aprenderé si me paso la mañana sacando fotocopias o rastreando expedientes en un sistema informático que mi bisabuelo, si resucitare, podría manejar con la misma facilidad que yo?". Ahí es donde hace el click, el aspirante esperanzado por el régimen de asistencia mutua (que el secretario prometió en la entrevista) se da cuenta que las pasantías sólo le sirven a un sector...al estado. Puede estar 6 meses, 1 año o el tiempo que desee, pero si aprender la labor de un abogado y algún atisbo de técnica jurídica eran sus objetivos, mejor que los cambie por otros más asequibles, como aprender a ser rutinario, repetitivo, ordenado y automatizado. Encima suele ocurrir que a los superiores no les gusta el ocio, al menos el ajeno, entonces si el pasante es atrapado, leyendo una demanda o un expediente en su debido orden, de seguro, en el mejor de los casos, le darán alguna otra tarea útil a la dependencia y si el referido superior está en un mal día,  le dará una pequeña reprimenda, recordándole que no está ahí para leer expedientes (¿no entra en el concepto de aprender?). 
 
   Como habrán notado, la entrada pretende "despersonalizar" el asunto, dotándolo de sarcasmo, incluso irreverencia a las instituciones. De todos modos debo confesar que yo he sido pasante y las experiencias y ejemplos se desprenden de vivencias personales y ajenas. Para comprometer mi opinión debo decir que el régimen de pasantías es algo bastante cercano a un abuso institucional. Las prácticas en dependencias judiciales existen porque se ha hecho una industria de la inexperiencia. Con industria me refiero a negocio, lisa y llanamente, pues las pasantías se han instaurado para tener estudiantes, o jóvenes profesionales, que desarrollan tareas, la mayor de las veces , "Ad Honorem". El deseo de aprender, de empaparse en el mundo judicial, de no ser un egresado sin haber trabajado, llevan al estudiante a ingresar al régimen de pasantías judiciales pues, presupone, serán valoradas en su curriculum o incluso le permitirán obtener un nombramiento. La falta de retribución dineraria al desarrollar una práctica es una consecuencia no deseada, pero necesaria, a fin de obtener experiencia. Aquí es donde se produce otro abuso pues aquel trabajo idílico, donde aprendería la labor judicial, se reduce a realizar las tareas superfluas que nadie con cargo o título desea emprender. El secretario que prometió utilidad mutua contempla, indiferente, al pasante que deambula por el recinto cargando diez o quince kilogramos de expedientes, visita despachos para anoticiar a sus superiores de alguna circunstancia, saca fotocopias o atiende la mesa de entradas, sabiendo, probablemente, que su palabra no ha sido cumplida..¿pero acaso le importa?, si el pasante está insatisfecho en un par de semanas podrán encontrar un reemplazo, probablemente antes, pues con levantar el teléfono y llamar a otros entrevistados que no quedaron alcanza. De seguro el Lunes siguiente alguien estará, a las 7:50 A.M., al pie del cañón, esperando recibir instrucciones.
 
    Otra cosa que jamas entendí, ni entenderé, es por qué se llama trabajar "Ad Honorem". Tengo entendido que en latín puede significar "por la honra, el honor"...pero no por el dinero. ¿Dónde está el honor cuando se trabaja gratis en una sociedad que "monetariza" todo lo que tenga una medición temporal?. Si alguien trabaja seis horas diarias, treinta semanales, cumple, en algunas ocasiones, la misma jornada que desempeñan sujetos que cobran sueldos cuantiosos, entonces ¿podemos considerar honroso un trabajo sin percibir remuneración alguna?. El honor está en muchas cosas, dar la vida por tu país, para los menos belicosos, ser una buena persona, tener palabra, ser un amigo fiel, ayudar y cuidar a los animales pero...¿trabajar gratis a cambio de supuesta experiencia?, que alguien me lo argumente, estoy interesado en tener otras posturas pues yo no le encuentro sustrato lógico, ni como pasante que fui, ni como abogado que soy. A lo sumo que se reemplace el "Ad Honorem" por "Ad Experiri" (experiencia en latín) pero de todos modos sería algo impreciso, pues el concepto de experiencia que yo contemplo al parecer no lo he podido encontrar en mis prácticas. De todos modos sería más preciso que decir "Ad Honorem" pues de algo estoy seguro, trabajar de forma gratuita, realizando las tareas que nadie quiere hacer, invirtiendo tiempo de estudio y, a veces, dinero propio en viáticos (que jamas es compensado), está realmente lejos de mi visión de lo que es el honor. 
 
   Si alguien tiene inquietudes de aprehender conocimientos técnicos, desde ya, no le recomiendo que realice una pasantía. Lo que se aprende en una práctica puede llevar a las mentes curiosas a lamentarse haber elegido la carrera...rutinas, labores repetitivas, escritos perdidos que valen lo mismo que algún órgano corporal de quien no los encuentra y por último, como no menos importante, una cadena de mando vertical donde las responsabilidades se derraman de arriba a abajo (como era de suponer) hasta llegar al escalafón inferior que, ¿quién será?, si dijeron pasante estaban equivocados, de seguro la responsabilidad caerá en algún oficial de menor jerarquía pues quizás lo único bueno de practicar es que no se tendrán muchos derechos pero tampoco podrán endilgarte responsabilidad alguna, usualmente. Pero el punto es que el derecho, por suerte, es mucho más amplio, interesante y dinámico de lo que la estructura judicial, desde adentro, parece indicar.

   A modo de cierre de esta polémica entrada debo decir que, a mi entender, las pasantías constituyen un régimen que aprovecha la necesidad e inocencia de los estudiantes de derecho a fin de obtener mano de obra barata (o gratuita) que desarrolle aquellas tareas odiosas que toda dependencia pública necesita cumplir. A cambio se suele prometer la adquisición de experiencia que, en estos casos,  se transforma en una suerte de moneda de cambio "Sui generis" pero que al futuro profesional podría serle muy útil. He aquí la "mercantilización" de la experiencia. De todos modos, como mencioné más arriba, hay tipos de experiencia y visiones sobre la misma. Lo que yo considero experiencia no lo he podido adquirir atendiendo una mesa de entradas o armando expedientes y lo único moderadamente útil que era leer expedientes, no satisfacía a mis superiores pues contrariaba el ritmo incesante de trabajo. Era tiempo desperdiciado, una tuerca atorada en el engranaje judicial, para ellos, posiblemente, una pérdida de tiempo de mi parte. A todo esto, hay una ley nacional, la 26427, de pasantías educativas. Su artículo 15 dispone que el pasante recibirá, en carácter de asignación estímulo, una suma de dinero variable de acuerdo a la carga horaria, etcétera. El artículo 13 dispone que las horas de "trabajo" no podrán superar las veinte horas semanales, algo que no se cumple demasiado. Esta es una ley nacional, realmente no he podido rastrear la legislación provincial ni la acordada de la corte que extiende las pasantías de 6 meses a 1 año, como máximo. De todos modos, sin conocer como funcionan las prácticas en la Ciudad de Buenos Aires o en otras provincias, en la Provincia de Buenos Aires, es poco habitual que se aporte la asignación estímulo o que se respeten las jornadas laborales de veinte horas semanales. Es imperioso regular al respecto para darle coherencia a una profesión que pretende velar por los derechos de las personas, impedir su vulneración y, eventualmente, lograr la reparación del daño causado pero que asiste, impávida, a un desfile de miles de individuos que aportan tiempo, esperanzas, esfuerzo y no reciben casi nada a cambio.
"EL EX PASANTE"

martes, 14 de octubre de 2014

EL DERECHO DE LAS "HORDAS"

   Adelanto a los lectores que si buscan una interpretación legal profunda en la presente entrada, sin dudas no la encontrarán aquí, quizás, en ninguna entrada de este blog. En esta ocasión directamente vengo a proponer la incorporación a la agenda socio-política de un tema pocas veces explorado, al menos de forma sistemática, pero que ofrece aristas interesantes. Es la correlación entre la formulación de planes de estudio que posean en su estructura la enseñanza del derecho y la mejor formación de estudiantes en los albores de la ciudadanía.
   En los últimos días hemos visto la aparición de personas opinando sobre derecho, para ser más específico derecho penal, sobre todo en la programación televisiva. Opinar es una vertiente de la todopoderosa libertad de expresión, cualquier individuo puede manifestar sus creencias sobre un tema determinado,  sin perjuicio del medio que utilice para hacerlo y, en un estado de derecho, no debería ser censurado por ello. Para ser más preciso, entre las personas me refiero a la fugaz aparición de Ivo Cutzarida. Su discurso no es penal, no es un jurista ni pretende serlo pero en las entrañas de su pensamiento se puede observar un denominador común con la mayoría de la gente que no estudia o ha estudiado leyes. Estoy hablando de la ignorancia y no crean que es un insulto, todos somos ignorantes en algún aspecto, es imposible saberlo todo, pero en quienes no decidieron o pudieron estudiar derecho es habitual ver opiniones erradas sobre muchos aspectos jurídicos. El común de la gente no contempla como principio ineludible de la pena, su proporcionalidad con el délito cometido. Las personas que han sido víctimas de robos o délitos violentos creen que dispararle, e incluso matar, a la persona es un acto justo, como si fuese un mandato de Dios que, mediante un calibre 22, desea que se castigue a quien violó uno de sus mandamientos. Cuando alguien hace justicia por mano propia se vislumbra en todo su ser,  esa diferencia irreconciliable entre el poder estatal y la sociedad. Posiblemente  muchos de los sujetos que han matado delincuentes en ocasión de ser sujetos pasivos de délitos utilizan como argumentación el hecho que el delincuente "entra y sale" o que "la justicia nunca hace nada". No es el objeto de la entrada discutir la verdad o falsedad de tales afirmaciones pero, incluso si fueran ciertas, la legítima defensa es un instituto del Derecho Penal que requiere extremos muy particulares y que en la mayoría de los casos no se cumplen.
   La ignorancia de una sociedad, en el promedio de sus integrantes, lleva a que un sujeto que hurtó unas zapatillas o, en el peor de los casos, robó una cartera, sufra un castigo desproporcionado, incluso para el peor de los homicidas. Recordarán la moda medíatica de los linchamientos, donde lo último de lo último era repetir seis o siete episodios, de por si alarmantes, de linchamientos por día a fines de instalar una tendencia social, con alcance nacional,  en lugar de reconocer el carácter aislado de los ataques. David Moreyra, un joven de 18 años, presuntamente robó una cartera en un barrio periférico de Rosario, estando acompañado por un complice. Los vecinos lograron atraparlo y darle una paliza, el joven falleció por los graves traumatismos de cráneo sufridos, incluso con pérdida de masa encefálica. Como este ejemplo también hay supuestos de personas que asistían a un evento social, volvían en su auto y, al intentar ingresarlo en su garaje eran acometidos por delincuentes que, sin mediar palabra alguna, ejecutaban a la víctima sin siquiera permitirle decir sus últimas palabras. Lo que pretendo demostrar con ejemplos tan ambiguos es que desconocer el poder punitivo del estado, o pretender hacerlo, puede llevar a que aquellas situaciones donde la legítima defensa operaría por darse cumplimiento a sus exigencias se extiendan a supuestos ridículos donde primaría la arbitrariedad y un grupo de salvajes pretenderían aplastar el craneo de un joven que se apoderó de una cartera, se perdería la brújula, no habría graduación de délitos y la gravedad de estos perdería razón de ser. Para la sociedad, al legitimar aquel discurso de "selva jurídica" daría lo mismo hoy linchar al homicida del segundo ejemplo, a algún otro David Moreyra mañana y luego a aquel vecino que no respeta el horario para sacar la basura. Y ojo con  tener perros que ladren  por las noches, una disputa vecinal daría lugar a la intervención de los caciques vecinales que podrían decidir lapidar públicamente al dueño de los animales luego de, obviamente, ejecutar a los canes. Para hilar el título de la entrada con su contenido, cabe aclarar que la legitimación del "todo vale" opera por la ignorancia en aspectos básicos de la convivencia y el estado de derecho que nos rodea.
   Por estas razones creo que tornar obligatoria la enseñanza básica de derecho en los colegios secundarios es fundamental. Las sociedades ignorantes son un riesgo para todos, no hay que creer que al estar lejos de los nucleos sociales conflictivos se está a salvo pues una disputa de tránsito, un altercado con un vecino o con un comerciante por cualquier asunto pueden ser disparadores de verdaderas tragedias. No pretendo con esto parecer amarillista, muchos conflictos comienzan en lugares difíciles de considerar como inseguros y en una sociedad colérica, estar a salvo es una situación más que un estado permanente.
   Los jovenes que se encuentran en el último año del colegio secundario deberían ser instruídos en nociones básicas de Derecho Constitucional, Derecho penal, Laboral,  Derecho de los Consumidores, del Medio Ambiente y, si es posible, ser empapados con cuestiones relativas a la solución alternativa de conflictos. La forma de instrumentar la orientación podría variar, desde una materia que reemplace a la imprecisa "Formación ética y ciudadana" o "Educación Cívica" hasta, para mi lo ideal, un curso extracurricular intensivo de 4 o 5 meses de duración, con asistencia obligatoria y con examen final, donde se aborden todas estas cuestiones con la importancia y entidad que merecen, fuera del horario escolar, sin distracciones de otras materias.
   Las alusiones variadas de casos particulares que he realizado pueden parecer inconexas con la propuesta de instaurar enseñanza básica de Derecho en las secundarias. De todos modos, para mi tal disociación es aparente. Si la gente conociera los alcances de su poder de responder ante la acción ilícita de otra persona, seguramente David Moreyra hubiese sido reducido por los vecinos y entregado a la policía, en lugar de ser asesinado de modo artero. Si la sociedad supiera cuales son las garantías que se instauraron en su favor, no pedirían castigos imposibles para un miembro suyo, quizás algo dañino, pero miembro al fin. Si se conociera algo de Derecho Laboral, se reducirían los trabajos en negro o las explotaciones, si los ciudadanos supieran qué son y cómo funcionan las soluciones alternativas de conflictos, no creerían que los problemas "se matan o se litigan". En pocas palabras, el concientizar a los futuros ciudadanos sobre sus derechos y, sobre todo, sus obligaciones, formaría mejores individuos para la convivencia, sujetos con algo más de cultura que no se dejen llevar por cualquier personaje público devenido en crítico social que pretenda terminar toda disputa a los tiros o instaurar el Martín Fierro, escrito hace cerca de 140 años, como método de enseñanza social y ciudadana. Un ciudadano ignorante se transforma en una pluma en la brisa (perdon por la metáfora cinematográfica) siendo susceptible de ser conducido por cualquier ráfaga que quiera torcer su destino, influenciarlo, manejarlo y, finalmente, determinarlo a obrar en el sentido que mejor le convenga. Estas ráfagas pueden ser políticas, en la mayoría de los casos o mediáticas en muchos otros. Un ignorante suelto es poco peligroso, pero cuando, ante un evento determinado, se junta con otros sujetos ignorantes, se forma una horda que no respeta los derechos de terceras personas, incluso ni los propios y mucho menos a las instituciones que rigen su vida. El estado de derecho pende de un hilo que la ignorancia pretende cortar.
   Es una propuesta que puede transformarse en prueba piloto, está claro que enseñarle a una persona cuales son sus derechos básicos y sus obligaciones puede ser útil, pero nada podrá hacerse si proviene de un nucleo familiar donde imperó la violencia, la ley del más fuerte o el desamparo. Esas son cuestiones de neta política ajenas a toda cuestión de análisis que, pretenda ser jurídico. El conocimiento, por más superficial que sea, desvanece la colectividad del odio pues cada persona podrá retraerse y descansar en su poder de reflexión. De todos modos, en el fondo de mi ser, considero que la ignorancia no es una cuestión de inoperancia política, todo lo contrario, tener un pueblo ignorante, susceptible de ser influenciado de variadas formas, en diversos temas, es útil al poder de turno. Cuando una persona sabe cuales son sus derechos sabrá de que manera ejercerlos, a quien recurrir, en pocas palabras, tendrá los recursos materiales al alcance de su mano para respetarse a sí mismo y a su comunidad.
  ¿Qué es un David Moreyra para un sistema que funciona de esta manera?, quizás nada, como mucho, una pluma menos en la brisa.

lunes, 13 de octubre de 2014

ABOGADO RECIÉN RECIBIDO (¿Y AHORA?)

   Se culmina la carrera, los familiares y amigos esperan en las cercanías de la casa de altos estudios que, incauto, salga la presa del ataque con alimentos. Es el corolario de años de esfuerzo, sacrificio, para algunos, a lo Churchill, sangre, sudor y lagrimas, sea como sea, ahora te dicen Doctor así no lo seas, pero hay algo que sos (o crees ser)... abogado. En ese momento se ingresa en una categoría intermedia. Ya la persona dejó de ser estudiante y para los allegados es un profesional, quienes te conocen te hacen consultas y vos podes responderlas,  sin embargo para el estado, todavía no sos un letrado,  pues el título, en el mejor de los casos, tardará 5 o 6 meses en ser entregado. Podría llamarse a esta etapa "Abogado de hecho", como se ha visto en la carrera, la distinción entre cuestiones de hecho y derecho ha colmado los programas de estudio de las diversas materias, bueno, para explicar el carácter del profesional que ha finalizado la carrera y no tiene título, usaré la misma distinción. Cuando el estado expida el título, el abogado de hecho evolucionará en "Abogado de derecho", como una larva que sale del capullo y puede mostrar sus alas en el mundo exterior...por fin.
   La presente entrada tiene por objeto analizar las posibles salidas laborales o "rebusques" en los que un/a joven que culminó sus estudios en derecho puede incursionar para, básicamente, matar ese tiempo muerto, ese limbo de 6 meses a 1 año, donde el título está en trámite. Lo importante es hacer algo, a muchos egresados los invade una angustia existencial e intentan diversas opciones pues cualquier cosa es mejor que no hacer nada. Hay que entender esto, abogacía es una carrera muy demandante, dura entre 5 y 6 años en promedio y quienes la han estudiado a conciencia, habrán pasado muchas horas en casa, un café o la propia facultad, leyendo una y otra vez libros que parecían regenerar sus hojas infinitamente. El aspecto positivo es que, a diferencia de otras carreras netamente prácticas, derecho, salvo algunas materias (en mi facultad Concursal, Práctica II, Procesal Penal, ej, cursadas diarias), no ofrece un régimen de cursadas con muchas horas en la facultad, permitiendo aprovechar el tiempo para avanzar en la lectura del material de cátedra. A lo que quiero llegar describiendo la carrera,  es que al recibirse se abren muchas puertas pero también un vacío, que dependiendo de la persona, será pequeño, mediano o enorme. Ya no hay que cursar, asistir a la facultad (salvo en un rapto de nostalgia) ni levantarse un sábado o domingo a la mañana,  sabiendo que hay que avanzar con algún tratado, manual o ley comentada pues el parcial está a la vuelta de la esquina.
   En relación a la salida laboral, como primera medida, corresponde separar a aquellos que desempeñan una labor en una dependencia pública de quienes no lo hacen. Para los pasantes o despachantes en un juzgado o tribunal, la situación después de terminar la carrera no se modificará, al menos laboralmente. Si el graduado es pasante, se sentirá un poco más "igual" a los demás, pero seguirá recibiendo ordenes para realizar tareas que de jurídico tienen lo mismo que un partido de la Primera "B" Metropolitana. Si está nombrado, seguirá en la comodidad del cargo y no verá alterado su estatus pues el orden judicial burocrático sólo respeta el tiempo de trabajo, en el mejor de los casos el conocimiento, pero no el egreso de la facultad. Si el sujeto trabaja en el el sector privado, será felicitado por sus, ahora colegas, pero tampoco habrá un cambio sustancial en las condiciones de trabajo, quizás en algún caso especial recibirá tareas algo más complejas pues ahora, a diferencia de una semana atrás en el tiempo, ha culminado sus estudios... es un "abogado de hecho".
   De todos modos la entrada va destinada a quienes finalizaron la carrera sin trabajar en ningún lado, aquellos que no tienen parientes en un estudio (o amigos/allegados) y que, probablemente, constituyan el 70 u 80 % de la planta de egresados. Para estos egresados, trazando una metáfora, la carrera fue una ruta asfaltada con estaciones al costado del camino, estas estaciones representaban materias pero, de repente, el camino ya no era asfáltico, había tierra o sirga y las estaciones habían sido reemplazadas por canto rodado, no había nada al costado del camino. El vacío se levantaba, imponente, frente a los ojos del egresado, que sabía que podía construir grandes cosas en ese desierto pero lo difícil es cómo empezar, o por donde. Una posibilidad es ingresar en un estudio jurídico, pero aquí cabe hacer una precisión, como en todos los aspectos, a los abogados nos gusta clasificar las cosas, dividirlas, encauzarlas en un camino opuesto a otro. Un estudio no es algo general, hay estudios grandes, medianos y pequeños. Para trabajar, las condiciones varían notablemente. Un estudio grande, habitualmente, empleará al abogado en tareas de procuración, así, el egresado presentará escritos en juzgados y tribunales y deambulará gran parte de su mañana por la ciudad donde trabaje. Puede realizar tareas dentro del estudio pero al ser grande, posiblemente su labor se asemeje a la de un pasante de una dependencia pública, entonces, a mi entender, trabajar en un estudio grande es muy útil para el Curriculum Vitae pero inútil para aprender la labor jurídica cruda, técnica. En cambio, trabajar en un estudio mediano o pequeño puede ser más provechoso, el abogado/os a cargo tendrá menos Recursos Humanos por ello, con algo de suerte, requiera al joven abogado participar en algún caso de pequeña monta e incluso, con mucha más suerte, delegará o solicitará ayuda en un caso de cierta importancia. El dueño o los socios trabajarán más "a pulmón" y el egresado aprenderá labores jurídicas, o estará más cerca de estas, pues será útil para sumar opiniones y conocimiento en determinados sentidos. Para resumir la idea, trabajará más cerca del abogado a cargo pues al ser un estudio pequeño, su actitud no será igual a si fuese un "buffet" enorme, con abogados con actitud lejana y casi glamorosa. De todos modos, las tareas de procuración no habrán desaparecido pues alguien tiene que hacerlas. Entonces, si alguien quiere entrar a un estudio y tiene chances materiales de elegir entre un estudio de renombre y otro más pequeño, para mi conviene ingresar al segundo, llenará menos el CV pero adquirirá más experiencia, al menos el tipo de experiencia que suma para un abogado.
   Desde luego no siempre entrar a un estudio jurídico es una posibilidad, por falta de contactos o una situación de poca creación de empleo en general, a veces lo lógico se torna dificultoso. Para este tipo de egresados la situación se complica. Muchos de estos ven como opción viable asistir a todas y cada unas de las Jornadas que ofrezca tanto la facultad como el Colegio de Abogados. A mi entender lo único positivo de estas jornadas descansa en el "Networking". ¿Qué es el networking?. Bueno, como toda palabra en ingles que uno pretende utilizar para parecer moderno y actualizado, no es sencillo encontrar una palabra en castellano que la resuma. De todos modos, en su traducción literal sería algo como "hacer o tender redes". Ahora volviendo a las jornadas, cuando uno quiere evacuar su ansiedad existencial acudiendo a una "Jornada nacional sobre la importancia en el derecho de la tecnología en el siglo XXI" quiero creer que no busca realmente aprender, lo que busca es encontrar personas con más experiencia, colegas y mostrarse, presentarse e incluso dialogar con ellas. Esto es el "Networking", un lugar donde hay muchas personas reunidas, que comparten intereses comunes y que probablemente tengan algo para ofrecer al abogado recién recibido, en particular opciones laborales. La desventaja de este método es que requiere sociabilidad, no todas las personas están dispuestas a iniciar una conversación y en caso de hacerlo, no muchos saben ser sutiles para no demostrar la avidez por alcanzar la tan ansiada inserción laboral. Si una persona asiste a este tipo de eventos con asiduidad, simplemente para hacer algo, sin tener en cuenta el aspecto social, a mi entender pierde el tiempo. No creo que nadie con poder de contratación tome en cuenta el haber asistido a todo tipo de jornadas sobre temas variadísimos, en pocas palabras, es inútil a los fines laborales asistir a estas jornadas. Incluso en el aspecto teórico, sin pretender desmerecer la calidad de algunas jornadas con especialistas ponderados, el conocimiento se sigue y seguirá adquiriendo en libros y nada mejor para aprender, que la lectura. Entonces, si es para matar el tiempo libre, asistir a estas jornadas puede ser un método interesante para sentirse realizado, incluso algunas ofrecen certificados de asistencia que, enmarcados, algún día pueden colgarse en las paredes de un futuro y lejano estudio propio, sobre todo porque a lo lejos parecen ser títulos de verdad que pueden impresionar a la persona común. Si lo que se desea es socializar, las jornadas, cursos y demás instrucciones pueden ser realmente muy valiosas, pero sólo personalidades especiales pueden sacarle provecho, para el resto se aplica lo mencionado y, finalmente, para aprender, un libro en cualquier formato es más útil que horas y horas de jornadas interminables.
   Hay otras salidas, no laborales, pero si para aprovechar ese plazo muerto entre que el egresado termina de hecho sus estudios hasta que recibe el título que acredita tal circunstancia. La lectura, de doctrina y, sobre todo, jurisprudencia, es valiosa para mantenerse actualizado, siempre se debe mantener el conocimiento a raya e, incluso, si la persona ha elegido una rama para dedicarse por completo, adentrarse en doctrina especializada que no está al alcance del alumno universitario, sería fundamental. De todos modos hay quienes dicen que el trabajo elige al abogado y no a la inversa, por ende se debe estar muy confiado o tener plena convicción sobre un objetivo y dirigirse a él. De todos modos la lectura habitual se aplica a toda posible salida laboral, no es privativo de tener tiempo libre, o no debería serlo, un abogado siempre debe tener a su alcance libros y gusto por rastrear y leer jurisprudencia. Lo ideal es haber adquirido tal habito durante la carrera, pero como sabemos, no siempre ocurre así, pero siempre podrá comenzarse por algo, por más pequeño que parezca.
   Otra salida, para mi la ideal, es el emprendimiento laboral propio. Un pequeño estudio con algún otro alma errante permitiría confluir más de una voluntad con el fin de lograr un objetivo predeterminado. El sistema ha hecho creer que esto es imposible, de todos modos yo no soy tan escéptico. Creo que es imprescindible fortalecer los aspectos sociales, si está al alcance, realizar algún curso en ventas o "Marketing profesional" para incorporar los recursos necesarios para brindar confiabilidad y seguridad. La juventud de muchos egresados es una dificultad pero no un impedimento para ejercer la profesión en un estudio propio o compartido. Lógicamente no se pensará en comenzar la carrera con el gran caso, sería poco realista pensarlo, pero el camino se hace andando y nada mejor que andar que comprometer patrimonio propio, tiempo, esfuerzos y esperanzas que no corresponden a otra persona...uno cuida siempre, aunque sea de modo inconsciente, más lo que le pertenece que lo ajeno. Repartir tarjetas, hacerse conocido mediante los comerciantes del barrio, asistir a actividades donde puedan conocerse personas, trabajar en cualquier cosa no relacionada para desarrollar un pequeño proyecto de ingeniería social, son algunos pasos ineludibles para un emprendimiento propio pues, nadie con algo de realismo, pretenderá abrir un estudio en una oficina diminuta esperando que la gente "caiga" como si fuese a comprar abarrotes para el fin de semana. Incluso lo del estudio con lugar físico es discutible, hay tendencias en Buenos Aires (no he escuchado en otras ciudades), de abogados que, para economizar, acentúan su labor en la tecnología y dialogan con sus clientes personalmente, si es necesario, en lugares ajenos y concurridos,  como cafés o confiterías (tremenda antiguedad, ni me lo digan), lo que a todas luces es una reducción de costos muy importante. Igual es una tendencia no extendida que está en el punto de inflexión, hacerse popular o circunscribirse a la Ciudad de Buenos Aires, como gran parte de las alternativas progresistas.
   Desde luego las opciones no se agotan aquí. La abogacía, a diferencia de otras carreras, ofrece muchas salidas laborales. Si un médico termina sus estudios tendrá que hacer la residencia en un hospital público, o en una clínica,  si un abogado se recibe, tiene tantas opciones que no termina por decidirse, ser abogado es tener enfrente a los "cien pájaros volando" que reza el refrán y está en uno intentar atrapar a alguno o quedarse indómito,  contemplando la bandada. Proyectos de investigación en la universidad, participar en el área de graduados, son salidas poco populares pero que pueden permitir relacionarse. Hasta aquí se ha visto que la sociabilidad es la condición "sine qua non" para conseguir empleo, cualquier cosa que sirva al respecto será bienvenida. La relación del abogado y la tecnología, objeto seguramente de una entrada particular, es fundamental. El escribir un blog (no porque yo lo haga), participar activamente en foros especializados, grupos de facebook e incluso comunidades virtuales, brindará a futuro un modelo de difusión profesional que reemplazará con creces cualquiera conocido hasta ahora. La inserción profesional puede ser un problema, depende de cada uno transformarlo en solución. Hasta aquí algunas posibles salidas laborales, me he olvidado de algunas, probablemente, por eso son bienvenidos los comentarios críticos y no tanto. Buenos días.